Podríamos llamar emergencia a lo que está ocurriendo con la vivienda. La ciudadanía tiene cada vez más dificultades para acceder a una vivienda digna y para las y los jóvenes es imposible emanciparse por su cuenta sin la ayuda económica de sus familiares.
No hay que ser muy espabilado para darse cuenta de la emergencia de la vivienda y ver que la preocupación por este asunto se está extendiendo, ya que, desgraciadamente, existen motivos suficientes para ello. Es más, no hace falta ser muy listo para ver que este problema afecta especialmente a ciertos grupos de población, como los jóvenes y las personas migradas.
Dice el alcalde de Bilbao que su hijo no puede encontrar una casa y, si el hijo de Aburto tampoco puede emanciparse, es fácil imaginar cómo anda el resto.
¿Te has preguntado cuántos jóvenes tienen capacidad suficiente para comprar una vivienda sin la ayuda de familiares, allegados o pareja? ¿No decían que los jóvenes debemos emanciparnos por nuestra cuenta? ¿Acaso debemos representar modelos de vida más normativos, más funcionales para esta sociedad para llegar a ser capaces de ello?
Algunos dicen que los jóvenes no quieren vivir de alquiler. Hay otros que dicen que es un desperdicio de dinero. Ni para adelante ni para atrás.
Más allá de poner la responsabilidad en los jóvenes, hay muchos otros que ni siquiera tienen la necesidad de observar y valorar los precios de mercado: esos precios son impagables, insostenibles, así que la emancipación no es una cuestión de voluntad, sino de capacidad.
Por si fuera poco, otro añadido: las personas racializadas y migradas tienen la doble dificultad para comprar o alquilar. No es un mito que tanto inmobiliarios como vendedores privados les nieguen, de facto, el derecho a la vivienda. Si atendemos a la organización de nuestros pueblos y ciudades, es evidente quiénes y en qué condiciones viven en nuestras periferias, y qué intencionalidad política hay detrás de ella.
Tenemos todas las barbaridades planteadas perfectamente normalizadas y este fenómeno merece una reflexión: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
La vivienda es uno de los ejes fundamentales para el proceso de empobrecimiento y precarización de la ciudadanía, y las políticas de vivienda actuales son marginadoras, racistas y clasistas.
La juventud, además, no puede desarrollar vidas autónomas a tiempo porque ambas, tanto las políticas de compraventa como las de alquiler, se encuentran en una encrucijada.
Y, ¿qué han hecho el PNV y el PSE-EE mientras han gobernado? Mirar para otro lado y dejar que el mercado se descontrole por completo abandonandolo.
En lugar de hacer políticas de vivienda eficaces, además, han hecho marketing. Así, en el décimo aniversario de la ley de vivienda se publicó una nueva línea de avales para los y las jóvenes. Se trata, dicen, de poner facilidades en el proceso de emancipación de las jóvenes, pero en el fondo no hará más que alimentar el mercado especulativo, ya que entidades bancarias y de financiación suben sus intereses en la cuota mensual cuando el préstamo está avalado en el 20% por el Gobierno Vasco. Por lo tanto, más que hacer el favor a la ciudadanía, se dedican a ayudar a las entidades bancarias a beneficiarse, mercantilizando plenamente nuestros derechos.
Por si fuera poco, el riesgo financiero que los bancos no están dispuestos a asumir se dejará a expensas de todos los ciudadanos. Así, las entidades bancarias tienen asegurado un negocio sin riesgo, porque si sus clientes no pagaran la hipoteca, los fondos públicos asumirían esa responsabilidad. Se trata de un modelo en el que las ganancias se privatizan y las pérdidas se socializan. De nuevo, en beneficio del capital.
También dicen que han impulsado programas como Gaztelagun y Emantzipa. Y sí, llevan razón. Pero, las medias verdades son, fundamentalmente, mentiras: además de exigir un precio máximo para recibir la subvención, no debemos olvidar que ese dinero público va a parar a los bolsillos de los propietarios privados, y que muchos piden más dinero a los jóvenes que reciben la ayuda fuera del contrato. Quizá digan que será para ayudar a los pequeños negocios y emprendedores.
En definitiva, lo que el PNV ha puesto de manifiesto con las medidas es la falta de voluntad de control del mercado.
En EH Bildu lo tenemos claro, la vivienda no es un juego ni un negocio. La intervención pública en el mercado de la vivienda es una decisión política que debe llevarse a cabo con carácter de urgencia y sólo falta voluntad política, ya que existe el marco jurídico necesario.
Proponemos en los presupuestos de la CAV la creación de un fondo público-privado con capacidad para invertir 3.000 millones de euros en los próximos diez años para hacer frente a esta crisis. Se trata de promover 30.000 viviendas protegidas de propiedad pública en 10 años para destinarlas principalmente al alquiler. Por supuesto, el PNV no ha estado a la altura.
Una mirada a nuestro pueblo
La realidad de Amorebieta no es diferente a la de otros rincones de Euskal Herria. Sólo hay que fijarse en el propio entorno: ¿Quién es tu vecino o tu vecina? ¿Dónde están las jóvenes? ¿Y las personas migradas? ¿Cuál es la edad de emancipación?
Zornotza no es una excepción. Aquí también se palpa la emergencia de la vivienda. La encuesta de GIZAKER publicada recientemente muestra que entre las prioridades reales de los y las zornotzarras está la de hacer políticas de vivienda.
Desde EH Bildu Zornotza hemos hecho propuestas concretas, y no sólo en nuestro Proyecto Municipal y en pleno ciclo electoral, sino que también en las propuestas de presupuestos que hacemos año tras año y en los cursos políticos.
En ellas proponemos la declaración de viviendas vacías y acuerdos con las propietarias privadas para su comercialización en condiciones dignas, regulando los precios, tanto en formato de alquiler como de compraventa.
Asimismo, proponemos el fomento de los alquileres sociales y la construcción de viviendas públicas, así como la renovación de la ordenanza reguladora de las subvenciones al alquiler que actualmente ofrece el Ayuntamiento, ya que no responde a las necesidades actuales.
No ha podido ser más clara la respuesta del PNV, un no rotundo. Acusan a EH Bildu de perpetuarse en una actitud negativa, mientras que ellos y ellas mismas hacen oposición a la oposición.
Cuando se aprobó el PGOU, el PNV propuso que en 20 años se construyeran 1.492 nuevas viviendas, eso sí, con solo un 42,92% de protección oficial.
Asimismo, si atendemos a las construcciones de los últimos años y los que se van a llevar a cabo en los que vienen, es evidente que mientras que las viviendas libres se ubican en las mejores zonas del pueblo, la mayoría de las VPO se construyen en la periferia, lo que favorece la existencia de ciudadanos de primera y de segunda, perpetuando las brechas sociales.
Insistimos en que nos alejemos de las estrategias y políticas de marketing, dejemos de reflexionar sobre los sueños y empecemos a resolver los problemas que quita el sueño a la mayoría de la ciudadanía, sean jóvenes, recién llegados y llegadas y no tan jóvenes, haciendo políticas de vivienda en condiciones. Porque esto no se puede alargar más.
La vivienda no es un juego. La vivienda es un derecho fundamental.
