Saturnino Frutos: "Me pusieron una pistola en la mano y me dijeron que si no 'cantaba' se la entregarían con mis huellas al juez" | Euskal Herria Bildu Zornotza

Saturnino Frutos: “Me pusieron una pistola en la mano y me dijeron que si no ‘cantaba’ se la entregarían con mis huellas al juez”

El zornotzarra Saturnino Frutos Sanchez fue detenido y torturado por la Guardia Civil en mayo de 1984. Paso varios días incomunicado entre La Salve, Burgos y Madrid. Tras pasar por Carabanchel quedó en libertad.

Este es su testimonio:

“Me detuvieron en casa, por la mañana. Me llevaron al monte y tras golpearme continuamente y obligarme a realizar ejercicios hasta la extenuación, me pusieron una pistola en la mano, y me dijeron que si no ‘cantaba’ se la entregarían con mis huellas al juez para que me encerrara de por vida”.

“Pasé mucho miedo durante un tiempo. Después de trabajar, por la noche, algún amigo me acompañaba a casa. Guardias civiles de paisano me ‘visitaban’ en el trabajo y me amenazaban. También recibí llamadas telefónicas amenazadoras”.

En cuanto al informe sobre las torturas y los malos tratos ocurridos entre 1960 y 2014 en la Comunidad Autónoma Vasca, Satur espera que el estudio realizado por la UPV a petición del Gobierno Vasco sirva para que nunca más se practique la tortura.

“El informe que se ha presentado es positivo, pero llega bastante tarde. El que sea bueno partirá de que se pongan las medidas necesarias para estos hechos no vuelvan a ocurrir”.

También considera que “es muy importante la transmisión, para que las nuevas generaciones tengan constancia de lo que ha ocurrido”.


Paco Etxeberria Gabilondo, director de la investigación sobre torturas del Instituto Vasco de Criminología:

“No existen palabras en los idiomas ni en los diccionarios, para describir el nivel de sufrimiento de una persona que está siendo torturada”.

 

Martxelo Otamendi Egiguren, director de Euskaldunon Egunkaria hasta su cierre por orden judicial y actualmente director del diario Berria:

“De los 5 días que duró mi incomunicación, tres de ellos me tuvieron de pie en una celda mirando contra la pared en sesiones cuatro a cinco horas, con intervalos de veinte minutos para poder echarme en un colchón, pero sin poder dormir”.